|
.
El Hombre
El
28 de enero próximo iba a cumplir 55 años vitalistas y fundamentales
para la historia de la música española. Carlos Cano estaba tocado
por la gracia que sólo tienen los creadores. Era además una persona
comprometida con su tiempo y lo demostró durante toda su vida, al
igual que en los últimos años cuando firmó el 'Manifiesto 2 de enero
por la tolerancia' o celebró con entusiasmo la vida de un granadino
ilustre: el gran rey moro Alhamar.
La
festividad del 2 de enero en Granada, 'Día de la Entrega' como a él
le gustaba denominarlo, ya no será lo mismo sin él, como tampoco será
lo mismo escuchar alguna de sus canciones sabiendo que nunca volverá
a deleitarnos subido en alguno de los escenarios de su tierra, donde
tanto le gustaba cantar.
| Primeros años
José
Carlos Cano Fernández nació en Granada el 28 de enero de
1946. Considerado como uno de los máximos exponentes de
la canción española y la copla, sus canciones casi siempre
estaban cargadas de mensajes sociales y de un profundo rechazo
al sistema social establecido. Los primeros años de su vida,
el joven Carlos Cano debe sobrevirir en la postguerra, sabiendo
que su abuelo fue fusilado en 1936.
Como
tantos otros andaluces, tuvo que emigrar. Su primer destino
fue Barcelona donde, con tan solo 22 años compone su primera
canción "La Miseria". En la ciudad condal contacta
con algunos poetas por casualidad y comienza a escuchar
a Bob Dylan, Joan Baez y Paco Ibáñez.
|
|
Aquí
comienza a encontrar su verdadera vocación: la canción. El gusanillo
de la música se le metió muy pronto en el cuerpo, pero no pudo desarrollar
su talento hasta mucho después. Uno de sus primeros trabajos fue fabricar
farolillos para féretros en una empresa Suiza, aunque también trabajó
en la imprenta de un periódico alemán, o en un buque en el puerto
de Rotterdam (Holanda).
Poesía
70
Carlos
Cano ingresa en el grupo Poesía 70 y crea junto al poeta Juan de Loxa
y cantantes como Antonio Mata, el llamado 'Manifiesto Canción del
Sur'. De este modo consigue su primer recital en la Casa de las Américas
y en el 69 participa en otro colectivo e histórico en el Aula Magna
de la Facultad de Medicina de Granada. En 1972, la Unesco organiza
en París un homenaje mundial a García Lorca. Carlos Cano participa
en él con dos poemas musicados del Diván del Tamarit: "La casida
de la muchacha dorada" y "La casida de las palomas oscuras".
 |
En 1976 graba su primer LP
contra corriente, al que tituló de manera significativa A
duras Penas. Aquí inició su búsqueda de la copla popular andaluza
y poco a poco la fue rescatando hasta llegar a nuestro días.
En octubre de 2000 presentó en Sevilla su último disco De
lo perdido y otras coplas, una antología muy personal de este
género que incluye algunos de los grandes éxitos que jalonaron
su carrera.
Andalucía
Desde
el primer momento, una sola idea ocupó los esfuerzos de
Carlos Cano: la defensa de Andalucía. Con este compromiso,
comienza a apoyar a los que pensaban como él desde su trabajo
y participa en el despertar político de esta comunidad autónoma.
|
En
1977 graba su segundo disco: A la luz de los cantares, una obra en
la que intenta dignificar los ritmos populares andaluces y logra alcanzar
una alta cota de popularidad. En ese momento, Carlos Cano decide volcarse
en la historia y la cultura de Granada. Su tercer disco, Crónicas
granadinas (1978), es buena prueba de ello. En este trabajo alcanza
la madurez artística con un constante compromiso hacia la liberación
de su pueblo. Después vendrá De la luna y el sol, una obra en el que
conjuga la búsqueda de la armonía, el folklore y las raíces árabes,
en una mezcla que llega a rozar lo sinfónico. Su cuarto disco llega
en 1981, El gallo de Morón, que reivindica el andalucismo.
De
lo sencillo
Dos
años después entra en una nueva etapa de su vida como persona y como
artista con el disco Si estuvieran abiertas todas las puertas. Con
él, intenta abrirse el corazón y a la actividad y se reivindica como
un ser un humano que tiene derecho a sentir. En ese punto pronuncia
unas palabras que definen su filosofía de vida: "Creo que si
el ser humano no se salva no vale la pena aquello por lo que se está
luchando... Por eso este disco no es el final de una etapa, sino el
principio de una gran cantidad de pequeñas cosas que considero grandes
y quiero contar; intento desmitificar la grandeza y empezar a asumir
lo sencilllo y lo cotidiano como el objeto de esa grandeza".
Ultima
etapa
Con
Carlos Cano nace la auténtica canción española, construída sobre las
raíces de la copla andaluza. Este es uno de los grandes temas omnipresentes
en sus canciones, al igual que la emigración, vinculada a su propia
experiencia personal. En ella se palpa la amargura, el dolor, la impotencia
y el desarraigo, sentimientos que le embargaron cuando tan sólo tenía
18 años y tuvo que abandonar Granada para afrontar la soledad en tierra
extraña.

-
Entrevista realizada
el 26 de noviembre de 2000
"La copla se merecía pasar al olvido"
SEVILLA .- El bar del hotel Macarena
trata de ambientar malamente un interior andaluz a base de
azulejos de sorprendentes brillos y arquerías de imitación
mudéjar. Carlos Cano está en promoción de su último disco,
el segundo que hace con la copla como argumento. Sigue siendo
un hombre comprometido políticamente, aunque lamenta que en
los partidos políticos ya no se hable de los sueños de la
gente.
P.- Esta
semana se han cumplido 25 años de muchas cosas. ¿Le gusta
la Andalucía de hoy?
R.- A mí, lo que me gusta cada vez menos es el tipo de seres
humanos que está dando esta sociedad. Hay más cosas, pero
hay menos carácter y menos esencia. La utopía ha desaparecido
como elemento de búsqueda, y eso trae infelicidad. A mí no
me gusta esta tierra ahora, donde la gente está, estamos,
en un proceso de deterioro. Es un problema del mundo, no de
Andalucía.
P.- Y, en ese paisaje que pinta, ¿qué vale la pena?
R.- Vale la pena seguir vivo, seguir luchando, aunque sea
por uno mismo. Yo me moriré vivo.

P.- ¿Qué pasa
con la política?
R.- La política ha desaparecido como ética de comportamiento
personal y colectivo. Una política que da gentes tan mediocres,
tan mezquinas, no vale la pena. Pero eso es lo que hay en
la pescadería.
P.- Usted ha colaborado con el PA en campañas electorales...
R.- Yo actúo por emociones, por amigos, no por otros motivos.
No tengo comportamiento de militante en nada, ni comparto
los hechos diarios de la polÌtica. Si un amigo me pide una
cosa, lo hago.
P.- ¿Sigue los acontecimientos que rodean al partido?
R.- Más o menos. Ultimamente, es inevitable. Es un gran problema
que el PA tenga dentro a gente capaz de reventar la casa por
tal de salirse con la suya. Yo no estoy en el partido y no
sé cómo se resuelve, pero si sé que hay que contar los votos.
Si a mí me echan mayoritariamente de una opción, pues me voy
a mi casa, no trataría de imponer por cojones el 20 por ciento
de los votos. El que quiera imponer el 20 por ciento tiene
que tener un 80 por ciento de discurso ético y de capacidad
de sueños, y hace mucho tiempo que no escucho a nadie hablar
de sueños ni de nada. En este partido y en otros. Hace mucho
tiempo que no oigo hablar de socialismo al Partido Socialista.
Los partidos han perdido el discurso, y a mí, lo que discuta
interiormente el Partido Andalucista y, particularmente, gente
como Pedro Pachecho, la verdad es que me importa un pepino.
Es un problema personal suyo.
P.- ¿Andalucía ha perdido oportunidades por no contar con
un partido andalucista potente?
R.- Las oportunidades que ha perdido Andalucía, las ha perdido
con el PSOE, que son los que mandan. Y si ha ganado algo,
ser con ellos también. No busquemos el chivo expiatorio en
el niño tonto. A mí me molesta que, cada vez que llegan unas
elecciones, se coge al andalucismo y se le pegan tres palos.
P.- ¿Quién es el culpable de la crisis permanente del PA?
R.- Pues no es una situación provocada sólo por sus errores.
El PA ha sido un partido no querido políticamente por el resto
de los partidos e incluso por los medios de comunicación,
ha molestado su existencia, como cuando se esperaba que Rafael
Escuredo iba a traer la gloria con trompetas y clarines. El
andalucismo ha molestado porque apareció cuando ya estaban
las cartas repartidas, estaba todo repartido entre vascos
y catalanes, y llegó pidiendo. Es un pecado que sigue pagando.
P.-
¿Qué sigue encontrando en Alejandro Rojas Marcos, tan denostado
en los últimos años?
R.- Alejandro es amigo mío, y no tengo capacidad política
para juzgarlo. El Metro, el estadio..., son cuestiones técnicas
que no conozco. Yo lo que echo en falta es que Alejandro no
esté en Madrid hablando de Andalucía. Ha cumplido un papel
muy importante para esta tierra, ha ocupado un papel que nadie
ha ocupado, y por eso, quizá, ha creado animadversión. Yo
creo que es un político honesto. Puede estar equivocado, pero
siempre lo he visto en el mismo sitio.
P.- Cambiamos de tercio. ¿La copla se ha agotado?
R.- El que está agotado soy yo. Necesito exhibir mis cosas
y no voy a estar toda la vida haciendo copla, como no iba
a estar siempre haciendo Lorca.
P.- ¿Le gusta la copla que se hace ahora?
R.- Prácticamente, no se escribe copla, porque para hacer
copla hay que tener memoria, y la gente joven no la tiene.
Lo que se hace hoy es repetir lo anterior, a veces con dignidad,
de manera contemporánea; otras veces, de forma nostálgica,
añeja, agria... El problema de la copla es que ha estado mucho
tiempo aislada, en el olvido. Probablemente, una parte se
lo merecía.
P.- ¿Por qué?
R.- Bueno, hubo gente de la copla que estuvo cerca de Franco,
como otros han estado en la Bodeguilla. Eso sirvió a una generación
de progresistas para decir que la copla tenía poco menos que
la culpa de que Franco se muriera en la cama. Yo defiendo
la copla como una estética fundamentalmente andaluza, y que
en los años 60 desaparece porque no da alternativa a una juventud
que requiere una actitud crítica.
P.- ¿Qué relación tiene usted, granadino, con Sevilla? ¿Se
cree la teoría de las dos Andalucías?
R.- Yo siempre he entendido una sola Andalucía, la introvertida
y la que mueve los brazos, la del río navegable y la de los
otros ríos, por los que sólo navegan los sueños. Sevilla fue
el lugar donde descubrí AndalucÌa políticamente, una ciudad
maravillosa hasta que dejé de venir en fines de semana. Cuando
estuve aquí más tiempo, ya no fue lo mismo. Granada y Sevilla
son para quererlas, no para padecerlas.
|

Mi
Carlos Cano, por
Antonio Burgos
Por el río te fuiste, te fuiste por la sombra a la Caleta
inmensa del color de la muerte, que se ha vuelto de plata
de los duros antiguos. Llevadme a la Caleta, muchas veces
dijiste. Y a estas piedras te traigo, memoria de mi pueblo,
garganta de sus voces, corazón de sus hambres, ilusión de
sus ojos, espejo de sus cielos, estribillo del alma, Carlos
Cano Fernández, andaluz de una copla donde cabe la vida,
donde cabe la muerte que proclama este viento de amores
de utopía, donde cantan tu fado de raya portuguesa las marías
viñeras del tango de la plaza y en el aire ya vemos aquella
blanca y verde que nos quitó las penas, a duras penas siempre.
Me han dicho tus gaviotas de Alameda
y de faro que el alba de este día tan triste de diciembre
alumbró en los aguajes la alegría más triste, tiriritrán
decían por Granada las nieves, tiritando de penas de estación
de emigrante, la maleta que atabas con cuerdas de guitarra
y el nombre que llevabas escrito en la libreta, Dusseldorf,
Salustiano, el sol sólo nos queda, la luz que nos recuerda
que La Habana está cerca, que el Malecón se llama como lo
bautizaste, negritos con salero y son negras las teclas
de un piano en Sevilla donde novias antiguas le escriben
a embarcados las cartas que no llegan, que el bergantín
naufraga con la luz de este día.
Mira, Carlos, las piedras, tus piedras
caleteras. Sus nombres te sabías traspasando esta puerta,
donde los marineros, en recacha del viento, a este azul
hoy tan triste le llaman el celaje. Las piedras caleteras
donde ahora te traigo me recuerdan tu vida, tu ilusión,
tus poemas. Llegaste aquella tarde, autobús de La Alsina,
la guitarra en la funda de cuadros escoceses, tu voz de
libertades diciendo que a la calle, a proclamar la honra
de sentir esta tierra y aventar abejorros, qué horror de
clase media. Y las placas antiguas que tu madre escuchaba
en radios de cretona, tricolor Chiclanera, y buscar las
raíces en donde nada engaña, en la vida, que es pozo que
llena muchos versos. Y La Habana tan cerca, no salsa, zarzamora.
De allí llega este barco cargado de habaneras y Pericón
tomando café de pucherete y un coro ya en la plaza proclamando
la vida, no es canción, que es la copla, pues te sale del
alma.
María es portuguesa, su dolor es
de todos. Mari Cruz, maravilla, ha callado la fuente. Rocío
no florece capullitos de patios. La dignidad que tienen
para siempre las coplas se la dio con su temple de hombre
de Granada este andaluz entero, corazón de su tiempo, el
de pelos rizados, de camisa y guitarra, de escenario y proclama,
de niño saharaui, de cubanito nuevo, del hijo al que enseñabas
a andar por estas calles de cierros y azoteas, a ver venir
los barcos en estos miradores, capitán imposible de goletas
de sueños. Hoy Cádiz más que nunca se llama Carlos Cano.


María
la Portuguesa
En
las noches de luna y clavel de Ayamonte hasta Villareal
sin rumbo por el rio, entre suspiros una canción viene y
vá Que la canta María al querer de un andaluz.
María
es la alegría, y es la agonía que tiene el sur. Que conoció
a ese hombre en una noche de vino verde y calor y entre
palmas y fandangos la fue enredando, le trastornó el corazón.
Y
en las playas de isla se perdieron los dos donde rompen
las olas, besó su boca y se entregó.
Ay,
María la portugesa desde Ayamonte hasta Faro se oye este
fado por las tabernasm donde bebe viño amargo porque canta
con tristeza porque esos ojos cerrados por un amor desgraciado,
por eso canta, por eso pena.
¡Fado!
fado porque me faltan tus ojos ¡Fado! porque me falta tu
boca ¡Fado! porque se fue por el rio ¡Fado! porque se va
con la sombra.
Dicen
que fue el te quiero de un marinero, razón de su padecer
que en una noche en los barcos de contrabando, p'al langostino
se fue. Y en las sombras del rio, un disparo sonó. Y de
aquel sufrimiento, nació el lamento de esta canción.
Bájate las Habaneras* de Cádiz interpretadas por Mª Dolores Pradera
*Necesitas RealPlayer
|

Atardece
sobre la emoción y la memoria Por J. A. Labordeta.
Eran
los años todavía duros del final del franquismo cuando me preparaba
para cantar en el gimnasio de un Instituto de una localidad periférica
de Barcelona. Uno de los organizadores me pidió si tendría inconveniente
en que abriera el recital un chico andaluz, muy joven, recién llegado
de Francia, y que quería ser cantautor.
Accedí
muy gustoso y descubrí, con la emoción con la que uno puede descubrir
una piedra preciosa, la voz emblemática de ese hombre que se llama
Carlos Cano y que a mí, y a toda una generación, nos descubrió una
Andalucía ignota, reivindicativa, solidaria, lírica, épica y divertida.
Y desde ese día nos convertimos en amigos y nunca, a pesar de haber
transcurrido años y años, nos hemos olvidado el uno del otro.
Hemos
trajinado la geografía española en recitales solidarios, en solidaridades
excepcionales y nos hemos emocionado, ambos dos, cuando el Palacio
de Deportes de Madrid se venía abajo en un acto de solidaridad pidiendo
vitaminas para Cuba. Y precisamente de ese país venía emocionado
cuando, hace menos de una semana, estuve con él y con Imanol en
la presentación del último disco del cantante vasco. Lo vi alegre,
esperanzado de su trabajo con los niños cubanos, crítico con los
«policías de allí» -nunca se llevó bien con ese cuerpo- y lleno
de fuerzas para arebatarle a la vida lo que esta quiso arrebatarle.
 |
Y ahora cuando sobre mi persona me sacude un mazazo terrible,
rememoro las tantas veces que, como espectador, he gozado
con ese gusto interpretativo que Calos tiene lo mismo
para cantar habaneras, que reivindicativas banderas, que
nostalgias de currelantes, o embeberse con las Madres
de Mayo en ese grito sustancial de los desaparecidos.
Desde
siempre Carlos Cano era un artista fijo en las fiestas
del Pilar en Zaragoza y siempre, después de la actuación,
nos acercábamos a algún restaurante próximo al lugar de
su actuación y durante unas buenas horas hacíamos repaso
de nuestras vidas, de nuestros amigos -siempre salía Ovidi
Montllor en la memoria -y, cómo no , hablábamos de su
corazón, de la fuerza que había recuperado -lo puedo asegurar
viéndole en el escenario -y los caminos que quería recorrer.
|
Cuando escribo esto escucho, en el secreto silencio de un corazón
acongojado, ese dúo que entonaron entre Imanol y Carlos cantando
un hermoso soneto de Lope de Vega. Todo rezumó tanta emoción que
los colegas que andábamos por allí sentimos ese pellizco que dicen
que lo da un ángel secreto cuando el duende se adueña del ambiente.
Ahora espero y escucho, en lo mas íntimo de mi cerebro, la voz de
Carlos, me la sé de memoria, interpretando cualquiera de sus emocionantes
canciones o quizás una de esas coplas a las que él, un andaluz de
cuerpo entero, sabe ponerle el puento justo sobre la diminuta.
Atardece,
dicen, sobre la emoción y la memoria mientras la esperanza se esconde
en los últimos rincones de nuestros ojos: Mañana, Carlos, debería
volver a cantar con sus niños cubanos esas maravillas que trabajó
con ellos allí, en la Habana que, como el dice, es Cádiz pero con
más negritos. Nunca la voz de los poetas puede perderse, olvidarse.
Y está, en esta mañana dura y agreste, en el corazón y la memoria
de todos los que somos sus amigos.


La
noticia en prensa
El
cantautor Carlos Cano falleció de un paro cardiaco provocado
por un nueva «rotura de aorta ascendente», que desencadenó
un «taponamiento periocardial», según las conclusiones
de la necropsia clínica practicada en el Instituto Anatómico
Forense de Granada.
Enrique
Raya, director médico del Hospital Universitario San
Cecilio de Granada, ha informado en rueda de prensa
de que la nueva rotura de aorta se produjo «muy cerca»
del corazón, y que ocasionó una gran hemorragia que
taponó la arteria, lo que derivó en un paro cardiaco.
El
cantautor granadino murió a las 5.30 de la madrugada,
cuando había salvado las mayores complicaciones médicas
tras ser intervenido el 28 de noviembre de una rotura
severa de aorta.
Aunque
al cantautor se le practicaron maniobras de reanimación
cardio-pulmonar durante hora y media, los médicos de
la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital Universitario
San Cecilio de Granada no han conseguido respuesta alguna
del paciente.
Según
ha informado el equipo médico, Carlos Cano tuvo «una
sensación de ahogo» previa a la parada cardiorrespiratoria
que esta mañana le ha provocado la muerte.
El
cantautor granadino se encontraba en la Unidad de Cuidados
Intensivos desde el pasado 28 de noviembre, aunque los
servicios médicos tenían previsto trasladarlo mañana
a una planta del hospital después de haber recuperado
la función respiratoria sin ayuda de ventilación mecánica
y recibir alimentos por vía oral.
La
operación de Nueva York
Cano,
que en mayo de 1995 sufrió otra disección de la aorta
de la que se recuperó tras ser intervenido en el hospital
Monte Sinaí de Nueva York, recayó hace tres semanas
cuando se encontraba en el interior de un avión que
lo iba a trasladar de Granada a Madrid.
La
tripulación suspendió la salida del vuelo cuando el
avión se encontraba en la pista a punto de despegar
y el cantautor fue trasladado en una ambulancia hasta
el Hospital San Cecilio, en el que fue operado.
Poco
después fue intervenido durante ocho horas de un aneurisma
disecante de aorta roto infrarrenal bajo las arterias
renales provocado por una crisis de hipertensión
que ocasionó la dilatación aneurisma y posterior
rotura de la arteria.
Desde
entonces, Carlos Cano superó el postoperatorio de 48
horas, que los médicos consideraban «muy delicado»,
y posteriormente fue recuperando todas sus constantes
vitales, hasta el punto de que los responsables de la
Unidad de Cuidados Intensivos tenían previsto trasladarlo
al día siguiente a una planta del hospital.

|
|
Su
último trabajo:
"De lo perdido y otras coplas"
Carlos
Cano pone punto y final a su "propia antología
personal de la copla" con el disco 'De lo
perdido y otras coplas'. Un álbum en el que hace
un recorrido por los últimos cincuenta años del
género, interpretando piezas populares como 'Tatuaje'
y 'La Zarzamora', y algunos de sus grandes éxitos.
|
|
El cantante granadino, que el pasado año publicó 'La copla,
memoria sentimental', explicó que "para cantar copla
hay que tener voz y conocimiento de lo vivido. La
copla es pasión y por eso quienes la interpretan lo hacen
mejor cuanto más han vivido y experimentado con
sus propias vidas".
'De lo perdido y otras coplas' incluye algunas de
las piezas del género compuestas por él y que le han dado
la fama, como son 'María la portuguesa', 'Habaneras
de Cádiz', 'Qué desespero', 'Alacena de las monjas' y 'Tango
de las madres locas'.
Pero también ofrece una visión de grandes coplas
de León, Quintero, Quiroga, Ochaíta y Alejandro Fernández,
con títulos como 'Tatuaje', 'La Zarzamora', 'La Parrala',
'La lirio' y 'El día que nací yo'.
Carlos
Cano explicó que "es un recorrido
por la copla de la Segunda República
Española hasta la transición democrática"
"Es un
recorrido por la copla de la Segunda República Española
hasta la transición democrática, pasando por las de la dictadura
de Franco", explicó el cantante granadino, tres periodos
de los que el mismo destaca a intérpretes como Miguel
de Molina e Imperio Argentina en el primero, Concha
Piquer en el segundo y Rocío Jurado, La
Pantoja y Mari Fe de Triana en el tercero.
Copla
del pueblo
"Pero el problema de la copla y su vida futura no está
en los cantantes, sino en los autores, que por culpa de
aquellos que han unido equivocadamente la palabra copla
a la de franquismo han ido desapareciendo. El poder
ha estado y estará siempre cercano al arte popular
porque es el que tiene toda la fuerza, es absurdo ponerle
etiquetas políticas, porque la copla es del pueblo y del
que la escribe", aclaró.
Carlos
Cano recuperó una grabación
de Amalia Rodrigues, la famosa fadista portuguesa
fallecida el pasado año
En 'De lo perdido
y otras coplas', gracias a la tecnología, Carlos Cano recuperó
una grabación de Amalia Rodrigues, la famosa fadista portuguesa
fallecida el pasado año, en la que la cantante lusa interpretaba
el estribillo de "María, la Portuguesa",
una "canción que escribí para ella en 1987
y que cantó hace algunos años porque se enamoró de su letra
y su música".
"Yo llegué al fado a través de sus discos, en los que
descubrí que a pesar de la enorme melancolía que
transmitían, no te hacían sentir triste, sino con ganas
de vivir, y eso me impresionó", añadió, por
eso escribió un fado coplero que se llamó 'Amal, la portuguesa',
que luego cambió de nombre "porque el final no tenía
nada que ver con ella".
Colaboraciones
"La voz de Amalia Rodrígues -afirma- tiene
los graves más hermosos de mujer de toda la Península Ibérica,
y el haber grabado este dúo atemporal, que no se pudo hacer
en su momento por problemas técnicos, me llena de orgullo".
Entre
las dedicatorias del álbum,
Cano rinde homenaje a Tete Montoliú
con 'El día que nací yo'
En este álbum,
Carlos Cano ha contado con la colaboración de la Banda Municipal
de Madrid para 'La murga de los currelantes', "porque
siempre ha sido una canción de fiesta, de domingo,
y no hay nada más dominguero que una banda; con
la guitarra de Juan Manuel Cañizares, "el mejor de
todos los guitarristas flamencos", para la 'Alacena
de las monjas', y con la Camerata Romeu, "un grupo
de mujeres virtuosas de La Habana, con las que he dado un
toque colonial" a 'Habaneras de Cádiz'.
Gira
de invierno
Entre las dedicatorias del álbum, para el que ha contado
también con la Orquesta Sinfónica de Praga, Cano rinde homenaje
a Tete Montoliú con 'El día que nací yo', porque "su
manera de tocar el piano fue sumamente delicada cuando se
acercó al mundo del bolero y la copla, y supo darle al jazz
el clima que precisaba".
Cano
ha publicado su homenaje
a Lorca en 'El Diván del Tamarit', 'La copla, memoria
sentimental' y 'De los perdido y otras coplas'
El 16 de octubre
pasado Carlos Cano presentó en Sevilla este 'De lo perdido
y otras copla'", con lo que ha iniciado una gira de
invierno por los teatros de las principales capitales, que
es lo que más le gusta. "No es que reniegue de las
galas de verano, pero no está mal dejar de competir
un rato con la chochona y el churrero".
El músico granadino lleva cinco años sin grabar
temas nuevos, en este tiempo ha publicado su homenaje
a Lorca en 'El Diván del Tamarit', 'La copla, memoria sentimental'
y 'De los perdido y otras coplas', pero también ha ido componiendo
cientos de temas que cuida "como un jardinero sus rosales",
porque "cuando escribo me siento más vivo que
nunca". La estrella digital
|
|
-
Carlos
Cano, el corazón de un artista
Por
Ricardo Anguita
Si
a Carlos Cano le falla tanto el corazón es porque se ha
pasado la vida exprimiéndolo para extraer de él cuanta belleza
pudiera. El sello particular de este granadino ha sido siempre
la búsqueda de la emoción profunda, de la sensibilidad decantada
por los avatares de la vida, de la hermosura venga de donde
venga.
Hoy
todo el mundo asocia a Carlos Cano con el resurgir de la
copla, lo cual es verdad, aunque no toda la verdad. Muchos
han sido los discos que Cano ha dedicado a inyectar vida
nueva al mejor cancionero que se ha dado en la España de
este siglo, ese que lleva las firmas de Quintero, León,
Quiroga, Solano u Ochaita, entre otros. Consciente de que
era lo más parecido a un delito de lesa patria dejar que
desapareciera la memoria musical y sentimental de todo un
país, volvió a grabar todas aquellas canciones que han resonado
durante años en su cabeza y en los patios de buena vecindad.
Lo
suyo nunca ha sido una reconstrucción arqueológica de la
copla añeja, sino una visión nueva y particular, respetuosa
con el original, pero teñida de un sabor propio.
Sin
embargo, Carlos Cano es mucho más que el adalid de la copla
finisecular. A través de una obra generosa, ha sabido crear
un universo estético particular, lleno de balizas para los
navegantes que gustan de encontrar islas llenas de tesoros.
Así, Cano ha descubierto sus señas de identidad personal
con sentidos homenajes a su extenso santoral artístico:
Amalia Rodrigues, María Dolores Pradera, Edith Piaff, Violeta
Parra, Billie Holiday o el tándem Jaume Sisa/Ricardo Solfa.
Escuchando
todo este coro de voces diversas, Cano se ha impregnado
de músicas, sabores, texturas, giros y guiños que ha asimilado
en su quehacer para devolverlo en forma exquisita y reposada.
La
solidaridad es otro de los tatuajes que adornan el alma
de Carlos Cano. En su repertorio encontramos puentes tendidos
hacia los jornaleros andaluces, el pueblo saharaui, las
víctimas de las guerras balcánicas, los inmigrantes maltratados,
los desaparecidos por las dictaduras del Cono
Sur, las mujeres argelinas, las mariconas incomprendidas,
los indios explotados, los currelantes que dan la murga
o los moros que se tuvieron que ir de Granada con lágrimas
en los ojos. Para todo el que sufre o ha sufrido, Carlos
ha tenido la copla adecuada, cariñosa, sincera.
Sobre
la valía de su arte no hay más que decir que ha venido avalado
por cabezas de tronío: Mario Vargas Llosa, José Saramago,
Amin Maalouf o José Luis Balbín, entre otros. Y por un público
heterogéneo que siempre ha sabido apreciar la pasta de hombre
bueno que tanto se le ha notado siempre a Carlos. Haznos
un favor a todos y ponte bueno.
|
Apuntes sobre su vida
Hilar
palabras que desbordan contenido es un talento innato.
Cuando uno nace, como Carlos Cano
Fernández, tocado por la gracia creativa ya puede el destino
tratar de meterle en vereda que al final se imponen los
genes clarividentes y arrasan con su fuerza.
Por eso, de poco sirvió que este cantautor nacido en Granada
el 28 de enero de 1946 se viera obligado a emigrar y trabajar
en un hotel en Suiza, fabricando farolillos para féretros
y en la imprenta del periodico Der Spiegel
en Alemania o como marinero en el puerto de Rotterdam.
La música le atacó siempre virulentamente, sobre todo
desde que probó su sabor en París de la mano de Lluich
y Morente. En Barcelona, con 24 años, compuso su primera
canción Miseria mientras se "partía el
alma en el andamio", como él mismo comentó.

Carlos Cano, más que cantautor se sentía juglar porque
le tiraba más "la crónica del corazón". Habla
de la canción como una actitud crítica ante la vida ahí
está su canción El tango de las madres locas
dedicado a las madres de la plaza de Mayo, de Argentina
y creía en el panteísmo, en la sensualidad del pueblo
andaluz y en la utopía. Y, sobre todo, se sentía plenamente
identificado con todo aquel que tiene política o culturalmente
una conciencia andaluza o andalucista.
Se confesaba poco urbano. Llevaba una vida tranquila porque
Carlos Cano era un hombre pacífico. De su primer matrimonio
nacieron sus dos hijas mayores, Amaranta y Paloma. En
la actualidad, vivía con su compañera Eva Sánchez Martínez,
con quien tuvo un hijo en 1996.
Durante un tiempo, Cano apareció como portaestandarte
del Partido Socialista de Andalucía (PSA). Sin embargo,
el cantautor siempre dejó bien claro que nunca militó
en partido político alguno. Según sus propias palabras,
no tenía "sentido de la militancia política. A veces
me he dado cuenta que tengo cosas que son anarquistas,
y otras más bien conservadores, y algunas tienden a lo
progresista y a lo revolucionario". Pero ante todo,
se sentía y se definía como de izquierdas y nacionalista.
Los inicios de Carlos Cano en el panorama de la música
no fueron fáciles debido a que las letras de sus canciones
eran consideradas, en tiempos del franquismo, como excesivamente
sociales o políticas. Llegó incluso a tener canciones
prohibidas. En 1972 Arias Navarro le declaró persona
non grata. Ese año cantó en París en el homenaje
que la UNESCO le tributó al poeta Federico García Lorca.
A pesar de tener que luchar contra corriente, en enero
de 1975 Cano grabó su primer álbum bajo el título A
duras penas, disco en el que quiso plasmar las tres
fases de su trabajo en la búsqueda de la copla andaluza
popular (una primera etapa de 1969, cuando entró en el
Manifiesto Canción del Sur, la segunda con canciones de
tipo flamenco, y la tercera que se inicia tras la lectura
del Ideal andaluz, de Blas Infante).
Un cantante comprometido
Si algo caracterizó a Carlos Cano, además de su talento,
fue su solidaridad. Durante el año 1993 intervino en el
concierto Pro-vitamias para los niños de Cuba
(9 de julio en Madrid) y en el Encuentro de Cantautores
del Xacobeo 93 (septiembre, en Orense).
Al año siguiente, el 18 de enero colaboró, en Madrid,
en el Concierto urgente por los pueblos indígenas
de Colombia, y el 8 de abril, en Sevilla, en el
festival en apoyo a los trabajadores de las empresas Santana
y Gillette. Días después, también en abril, cantó en la
localidad granadina de Armilla en el recital musical que
superó las 202 horas ininterrumpidas, superando el anterior
record de Guinness.
El 3 de abril de 1995 sustituyó, por dimisión, al magistrado
Baltasar Garzón en la Presidencia del Patronato de la
Fundación por los Pueblos Indígenas.
El cantante presidió también la Fundación Alhayat, para
ayudar a resolver problemas de la infancia. Esta adquirió
en octubre de 1992 el cortijo de La Rehoya,
en la localidad grandina de Orgiva, donde prestaba ayuda
a niños saharauis.
El corazón de Carlos en Nueva York
El 20 de mayo de 1995 ingresó en estado grave en la
clínica granadina de La Inmaculada aquejado de un cólico
nefrítico. Esa misma tarde fue trasladado hasta la UVI
del centro Ruiz de Alda, donde se le diagnosticó cólico
nefrítico asociado a un aneurisma (desgarro) disecante
de aorta descendente.
Cinco días después, el 25 de mayo, y tras sufrir un agravamiento
de su estado de salud, fue trasladado en un avión médico
privado al Hospital Monte Sinaí, de Nueva York, donde
fue intervenido quirurgicamente ese mismo día. El 4 de
junio abandonó el hospital y el día 13 ofreció una rueda
de prensa en la que dijo haber nacido "un 25 de mayo
en Nueva York, provincia de Granada". Dos días después,
el 15 de junio, regresó a España.
Tras dos meses de recuperación, Carlos Cano presentó en
Madrid el disco Algo especial; una recopilación
de obras ya conocidas pero reinterpretadas que había concluido
poco antes de sufrir el aneurisma.
El 25 de octubre de 1999 el cantante volvió a Nueva York.
Carlos Cano desgranó su repertorio de trágicos tangos,
melancólicos fados y reivindicó la pasión y la memoria
del género de la copla. El granadino le abrió el corazón
a la Gran Manzana, pero esta vez no en el quirófano, sino
en el escenario del teatro Merkin Hall.
El 16 de octubre de 2000, el cantante granadino Carlos
Cano presentó en Sevilla su último disco, titulado De
lo perdido y otras coplas, que según dijo supone
su propia "antología personal de la copla",
por lo que incluye algunas de las canciones que le han
hecho célebre.
Hombre de pocos pero de selectos amigos, Carlos Cano considera
al cantautor Lluis Llach como uno de sus mejores amigos,
al igual que al político Alejandro Rojas Marcos y al periodista
Antonio Burgos y decir esto es mucho cuando Carlos Cano
pensaba que para él "un amigo es para siempre, pase
lo que pase".
En enero de 1989 fue candidato al premio nacional de la
Muestra Nacional de Nuevos Panoramas del pop y el rock
español de 1988, en la sección al mejor trabajo de raices
españolas, y el 28 de febrero de 1989 la Junta de Andalucía
le entregó la medalla de plata de Andalucía.
Finalmente, el corazón que tanto hizo vibrar a sus admiradores
le ha fallado finalmente cuando menos se esperaba, cuando
estaba a punto de abandonar el hospital de Granada, donde
fue ingresado por una rotura de la aorta.
La curiosa personalidad de Cano como cantor de coplas
ha llevado a Fernando González Lucini a escribir un libro
dentro de la colección Los juglares (1983),
dedicado al cantautor granadino. Años antes, en 1978,
la editorial granadina Aljibe publicó su Cancionero.
|
|
ADIOS
A CARLOS CANO
Por Francisco
Moya
VESTIDA
EN CRESPONES NEGROS
LA ALHAMBRA LLORA
EN SILENCIO
SE HA IDO EL ALMA DE LA COPLA
VOLANDO Y CARGÁ DE SUEÑOS.
SU
CORAZÓN DESBOCADO
POR EL CANTAR DE SUS LABIOS
PARÓ SU RITMO AL COMPÁS
DE COPLA TRISTE Y DE FADOS.
TU
CUERPO YA ES DE LA TIERRA
Y TU CANTAR ES DEL VIENTO
TU SOMBRA QUEDA EN GRANADA
EN LA NOCHE DE LOS TIEMPOS.
EL
ARTE SEMBRÓ TUS VENAS
DE EMOCIÓN Y SENTIMIENTO
Y TANTO AMOR NO CABÍA
ENTRE EL CUERPO Y LOS RECUERDOS.
AUNQUE
TU CUERPO DESCANSE
EN UNA TUMBA SELLADA
TU AMOR SE QUEDA EN EL AIRE
Y TU VOZ EN NUESTRAS ALMAS.
_
|
|
Un
año sin Carlos
Publicado en Ideal
de Granada, 22/12/2001
«Si se
calla el cantor, calla la vida, porque la vida misma es
como un canto», cantaba en su día Violeta Parra. Todo
un canto a la vida fue, precisamente, la vida toda de
Carlos, a quien hace ahora un año tan amargamente nos
arrebató la muerte. Tan sumidos en la tristeza quedamos
aquel 19 de diciembre todos cuantos lo queríamos, que
a algunos se nos atragantó a lagrimones el duro trance
de despedirlo. «¡Es como si se nos hubiera caído la Alhambra
encima, niño!», me dijo esa tarde Enrique Morente, emocionado
ante la multitudinaria manifestación de duelo y pesar
protagonizada por las más de 20.000 personas que desfilaron
por la capilla ardiente del Ayuntamiento para dar su último
adiós a Carlos. Fue, sin duda, el mejor homenaje que Granada
podía rendir a su cantor-poeta, un artista que había empezado
reivindicando la esencia multicultural del pueblo andaluz
y terminó dignificando la copla, sin dejar por ello de
interpretar en ningún momento, tanto en su vida profesional
como en su práctica cotidiana, la solidaridad con los
más débiles.
Alguien
ha escrito estos días que, desde su muerte, está de luto
la copla. Pero cómo olvidar su Salustiano, la miseria,
el baile del abejorro, la morralla, el milagro del Palmar,
la murga de los currelantes, la Contraviesa, la canción
de los marineros, Andalucía Superstar, la rumba del pai-pai,
las crónicas granadinas, las casidas y gacelas lorquianas,
el bando, el caso Almería, el pasodoble a Gerald Brenan,
el tango de las madres locas, las habaneras de Cádiz (perdón,
de Cai), María la portuguesa, el último bolero («este
bolero embriagador, madame»)... y, sobre todo, su canto
a la 'verde y blanca', no en vano considerado como el
himno oficioso de la autonomía andaluza: «Ay, qué bonica
verla en el aire, quitando penas, quitando hambres, verde,
blanca y verde». Y qué bonica, igualmente, sobre el féretro
del poeta-cantor en el tránsito de su último viaje...
Por eso,
más que la copla, yo diría que están de luto la poesía,
el cante, la música y Andalucía entera. Porque, con su
muerte, a todos cuantos lo queríamos -y éramos muchos,
a pesar de su seriedad y su malafollá- se nos cayó un
poco la Alhambra encima. Y por eso, también, no puedo
dejar de afear aquí el indiferente silencio oficial y
casi generalizado con que, hasta anoche mismo, se había
recordado en Granada el primer aniversario de tan señalada
efemérides. A los suyos, sin embargo, nos quedará siempre
el consuelo de su enorme y valioso legado musical, poético
y humano.
Como me
decía hace unos días José Saramago en la cafetería del
aeropuerto, antes de regresar con su esposa Pilar del
Río a Lanzarote, la poesía y la música de Carlos no le
pertenecían ya ni siquiera a él mismo, sino al pueblo.
Por ello, mal que les pese ahora a tantos de aquí, de
allá o de maracuyá, su presencia continuará siempre viva
en la memoria de cuantos lo amaban como persona, al tiempo
que lo admiraban como cantor.
EDUARDO
CASTRO
|
|
|
|